lctrct dice...

28.9.05

Echo & The Bunnymen - Siberia

A pesar de que las cosas son aparentemente distintas, todo parece repetirse una y otra vez. Por las mañanas, cuando vas a trabajar, experimentas miedos muy parecidos a cuando ibas al colegio... Dicen que los déjá vu responden a anomalías del funcionamiento cerebral, pequeños desórdenes que plantan la semilla de un recuerdo falsamente vivido. Yo tengo muchos déjà vu musicales con los ochenta, recuerdos de un pasado que nunca existió; o si lo hizo fue de una manera tan desteñida que apenas merece la pena recordar. Es lo bueno de mirar atrás, el barniz del tiempo hace que todo lo veamos mejor... He ahí la clave de todo revival... Ahora vivimos un vertiginoso revival de los ochenta, en plena extinción: en los círculos indie guays ya está más out que ser fan de Jesus And Mary Chain o de... Echo & the Bunnymen. Hablando de estos últimos, ayer pude escuchar su último y gélido título, “Siberia”. Sobre el grupo de Ian McCulloch y Will Sergeant escucho un poco de todo... Oportunismo de seguir en la brecha (sin nada que decir), maestría, genio, mediocridad... Las reacciones ante su directo no consiguen la calidez de colegas de generación como los finiquitados The Cure (me encantaría poder decirle a Robert Smith que se debería retirar de la mierda del pop y hacerse vendedor a domicilio de Avon). Los Bunnymen resurgieron de las tinieblas en medio de los 90 con cierto éxito aunque, en algunos casos, con discutibles resultados (“What you are going to do with your life?”). Recuperaron el punch con “Flowers”, trabajo de sólidas canciones en el que resurgían las narcóticas guitarras de Sergeant y McCulloch afinaba cada vez mejor su rasposa voz de hombre maduro, olvidando su pretérito efectismo danunziano... ¿Qué nos deparan los de Liverpool a punto de hundirnos en el otoño del 2005? “Stormy weather” es un topicazo, un tema esperable pero bien concebido y acabado (más sabe el diablo por viejo que por diablo)... “Parthenon drive” nos devuelve al genio McCulloch con sus obsesiones grecolatinas (consciente, eso sí, de sus limitaciones, como bien aconsejaba el que a todas luces es mi filósofo favorito, Harry Callahan). La melodía de la canción es una incitación al recuerdo reflejada en la superficie del espejo deformante de la madurez; allí proyectan la visión de su existencia en unos años ochenta en los que, embriagados de vanidad cual narcisos, terminaron por evaporarse como una nube de opio en el desolado paisaje prerrafalista de “Ocean rain”. Ahora, en pleno estadio de doliente serenidad, con la voz ronca, se afanan por esconder sus panzas y papadas en las penumbras de su tenebrista puesta en escena; pero aún habiendo finalizado su fáustico pacto con el éxito y la gloria consiguen hacer canciones como verdaderos maestros, con la certidumbre y valentía de sentirse sabedores de haber hecho historia... Cuando escucho “In the margins” noto un cosquilleo interno, una oscilación en los niveles de serotonina que me conduce a alguna gris mañana de mediados ochenta: la fina lluvia cae sobre mi cara mientras contemplo mi ciudad tan como era hace veinte años... Y sigo igual, como la canción, en los márgenes todo, aturdido por falsas llamadas del pasado que me susurran que la vida, en suma, no es más que un insignificante vacío. Lo dicho, “In the margins” es la canción con la que me quedo, porque yo también, tal como dice McCulloch, suelo creer y soñar. “Siberia”, el tema que da nombre a este trabajo, trata de sumergirnos (falsamente) en los tiempos de “Porcupine”, el gran momento de gloria artística y comercial que ahora analizan desde su más austera y agridulce perspectiva. El resultado consigue comprimir buena parte de su esencia en una sola canción, su colección de virtudes y defectos vista con un rigor casi tan desconcertante como los ecos de Phil Spector que resuenan en los arreglos de “Makes us blind”; o como la casi juvenil descarga eléctrica de “Scissors in the sand”. Nada está (o parece estar) fuera de lugar. Nada salvo “What if we are”, un baladón que cierra el disco y que, en todo caso, será su excusa perfecta para hacer un video-clip y flotar en medio de la parrilla-basura de alguna FM. Ellos, como la vida, no son más que una proyección de claroscuros.

Anonymous vic dijo...

Todavía no he escuchado el disco, pero esta reseña ha alimentado mi curiosidad

29/9/05 21:23  
Blogger Roberto Iza Valdes dijo...

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7/11/05 06:15  
Blogger Roberto Iza Valdes dijo...

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8/12/05 05:25  
Blogger Iza Firewall dijo...

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21/8/07 18:26  

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